Es increíble como el armiño se cuida a sí mismo para no mancharse. Especialmente en invierno, cuando su piel se torna blanquísima. Y de esta característica del armiño, los cazadores obtienen cruel ventaja. Cubren con barro la entrada de la cueva del pequeño animal. Y cuando éste llega a su vivienda, en lugar de limpiar la puerta obstruida por el barro, por no manchar su piel prefiere ponerse a luchar contra los perros de caza, ante los cuales sale perdiendo. De esta manera, por mantenerse limpio, el armiño pierde la vida.
¡Cuan grande lección nos enseñas! Que la pureza vale mas que la vida.
Al comienzo del Sermón del Monte, Jesucristo declara: "Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios". Mientras la impureza, en cualquiera de sus formas, abre la huella del dolor y la culpa tras el gusto fugaz que produce, la limpieza del alma da genuina alegría.