Esta historia habla de una zorra que quería comer las uvas del racimo. Y para ello saltó y probó diversas maneras. Pero sin éxito, porque la parra era muy alta. Hasta que por fin entendió que no podía alcanzar las uvas reconoció su impotencia y dijo: “No las quiero comer, no están maduras”.
Esta historia muestra la debilidad humana del amor propio. Ese defecto que malogra cada día el carácter de muchas personas.
La zorra de la historia debe sincerarse y decir la verdad. Así también debemos funcionar los seres humanos. En lugar de poner excusas de porque las cosas no salen bien, nos comparamos con alguien más y pensamos que esa persona esta mas mal que nosotros y eso nos quita culpa.
Si tenemos una medida elemental de amor fraterno, jamás mentiremos, despreciaremos o calumniaremos al prójimo. El amor y la verdad siempre llegan más lejos y más alto.
“Amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios…El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor” Juan 4:7,8